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31/5/11

Un relato sin sentido: “El laberinto sin fin que encuentra salida al final de un laberinto sin salida”

Me clarifica pensar que estoy en un pasajero momento vital que me permita dejar de pensar que estoy en un pasajero momento vital que me clarifica.
Si te suena familiar, despierta a los duendes de la duda e intenta clarificar el pensar que te permita dejar de pensar que un pasajero momento vital intenta clarificar  porqué despiertas a los duendes de la duda, si te suena familiar.
Es parecido al laberinto sin fin que sólo encuentra salida al fin de un laberinto sin salida. Al texto leído que enloquece tus verdades absolutas y que absolutamente enloquece lo leído de verdad en el texto. -Que no es verdad pero es cierto- Al exprimido vacío de contenido que se encuentra en tu cerebro cuando lo exprimes de contenido vacío en tu cerebro. Al igual que éstos escritos sin sentido que cuando éstos sin sentido son igual a éstos escritos.
P.A

9/3/10

Memorias de la Infancia y otras remembranzas (parte III)

III
Su foto añeja sobre el viejo aparador entelarañado cayó perceptiblemente al fulgor de un haz de luz que se despejó entre el espacio del ventanal de la semi-inclinada y vieja persiana.
- ¡La puta madre!, exclamó el Rogelio - casi meado hasta la botamanga del escalofrío. 
A mí se me entibio el pecho y no puede emitir palabra...
El Rogelio se animó a preguntar con un hilito de voz temblorosa al aire y mirando al techo como adivinando una ubicación exacto del almita de la pobre vieja sobre nosotros: - ¿Estás acá vieja?...vieeeeeeja...viejitaaaaaaaaa...¿estás? -
Yo no quería ni elevar el mentón, y le dije al Rogelio que nos fuéramos a la mierda, ¿A ver si todavía la desgracia de la vieja caía sobre nosotros?.Sólo atiné a acercarme hacia el enmarcado caído y a ubicarlo en el mismo lugar de cual se había desbarrancado. 
Al mirar la foto, la pobre Eugenia parecía agradecer mi gesto con una tibia sonrisa desde esas lejanas épocas bajo las glorietas de la plaza central del pueblo, abrazada a un pequeño niño con ojos saltones. Quizás sería el famoso sobrino que nunca vino a verla...Nunca lo supimos.

Después de dos meses de dudas y chusmerios en las aceras del pueblo, nos contó Gauna; Que se acercó a la casa un hombre oscuro, extraño; Medio calvo y desgarbado, un mercader de pasos lentos y mirada al suelo, como descifrando a través de un cristal en el piso todo el hedor de los subterráneos infiernos. 
Entró a la casa como si nada y se llevó sólo algunas pequeñas cosas que parece reconoció al ver la misma imágen de las glorietas.
Imagino los últimos instantes del diácono proceso de recapacitar sobre el duelo indigno y fuera de tiempo.
Finalmente cerró la puerta a la que nunca golpeó la calidez del amor y de la amistad, poniendo cerrojo a inútiles años de desdicha y soledad. 
Desde ese día, nadie oyó hablar de apariciones ni ruidos extraños en el caserón de Eugenia Della Fonti; Una triste, vieja y silenciosa almita perdida ahora en su eterno purgatorio...

Nos miramos desconcertados con el Rogelio y sin pensarlo estabamos contando de nuevo la misma historia dentro de un madejal de hilos de lo que hemos vivido y lo que vamos recordando a medida que nos tiñe canas el pasado lejano de las glorietas, las aceras y los chusmeríos del pueblo en aquellas épocas.

FIN

Pablo Ismael Atadía. "Cuentos reales de la irrealidad cotidiana" ®

1/2/10

Memorias de la Infancia y otras remembranzas (parte II)

II
El rayo cruzó sobre nuestras cabezas, al tiempo que aturdidos truenos se disparaban desde los pagos de Monte Blanco, el pequeño pueblo lindero que desaparecía en el este cuando el poniente.
La llovizna se hizo eco de nuestra piel erizada ante el espectáculo desolado y aterrador de la casona de la vieja Eugenia. Apenas nos bajamos de la última rama del ombú el Rogelio me despuntó una patada en el culo y yo cayendo de boca al barro del charco - que se cobijaba detrás del ombu que habiamos sorteado con tensa escalada - tragué tierra y pedregullo hasta los molares, y así y todo le mandé al Rogelio mi buena puteada.
Empezamos a caminar despacio hasta la puerta, con un cagazo de aquellos, pero fuimos igual.
Al llegar vimos que los remaches del picaporte estaban bien oxidados por el tiempo y la humedad, con lo cual no sería complicado meterle el destornillador que llevamos para abrirlo; No terminé de pensarlo y el Rogelio ya lo manipulaba con destreza, aunque le flaqueba la presición y le seguian temblando las manos.
Lo abrió y entramos al corredor previo a la puerta principal y que se oscurecía a cada paso.
Buscamos luz. No encontramos.
- Prende el encendedor trastornado! - me gritó el granuja del Rogelio...
Ya ni me acordaba que le habíamos afanado al viejo Florencio el único de plata que se encendía con bencina y un par de cajas de fósforos en desuso, todos mojados por la lluvia. Como pudimos nos prendimos unos cigarros e iluminamos el espacio en el breve radio de nuestras patas.
La casona destilaba olor a abandono, a olvido. Nadie, desde que la finadita partió, vino desde la ciudad de San Jorge, donde supuestamente vivía el unico heredero de Doña Della Fonti; Según se cuenta en las aceras del pueblo, tenía un único sobrino, hijo de uno de sus hermanos que ya había muerto.
La vieja nunca dijo demasiado acerca de sus afectos. Era así, triste y silenciosa...hasta que decidió hacernos una señal desde el más allá, como acostumbraba... 

CONTINUARÁ

19/1/10

Memorias de la infancia y otras remembranzas (parte I)

...Recuerdo aquellas últimas noches de verano en que celebrabamos nuestra vagancia e imaginación descubriendo sombras en la noche aletargada, el sonido de los grillos y el aullido de los perros nocturnos que se van transformando en lobos perdidos en la madrugada; Un fogón al fondo del jardín y las chispas que se escapaban de las llamas recién encendidas alumbraban el pequeño espacio de reunión de los elegidos, más allá los espiritus que nos espían, mas allá...y más allá la virgencita y las apariciones, todo un reto para los pibes del barrio.
El tinto que se vacia de los cuencos del viejo Florencio Ingratta, ojeroso y desalineado vagabundo de los rincones vacíos, a veces quemaba el cebo (en el mismo asador en que se churrasqueban los huesos de la vaquillona que faenaron en lo de Los Pulicastro), esa baranda se mezclaba con el olor a pasto humedecido por el rocío, y un silencio taciturno nos revelaba el momento en que trepariamos a las verjas de la casa abandonada donde falleció Doña Eugenia Della Fonti (Dios la tenga en la Gloria)...Ya sabíamos que se fué el cuerpo porque el ánima seguía apareciendo según los dichos del negro Benitez - que se lo cruzó varias veces cuando iba repartiendo botellas de leche desde el tambo "de los arbolitos" en la madrugada del 24 antes de que amaneciera - al igual que el gato Gauna que por las noches vaciaba los tachos de la petrolera donde juntaban la basura de dos días en la esquina oscura cuyo portal daba a la vieja casona.
Sigilosamente subimos al ombú de esa misma esquina - incluso usamos el tacho de la petrolera como escalera -  para tener un ángulo más claro del portón herrumbroso y encadenado. El escenario era relamente tétrico si le sumabamos el cielo encapotado y la leve ventizca que meneaba las hojas de los álamos dormidos y las ramas semidesnudas. Nunca me habian temblado tanto las piernas y casi me pego el mamporro si no hubiese sido por el Rogelio que me agarro de la camiseta. Así, de repente, se iluminó la noche y vimos que el cielo se nos venía encima...

CONTINUARÁ ...

7/10/09

Castillos Abandonados

He dejado atrás los castillos
de los sueños perdidos,
He dejado mis derechos establecidos
en ésta noche sin fin.

Y no creo sea en vano
tanto esfuerzo sobrehumano
para volverte a ver...

He dejado atrás mis castillos,
y han muerto mis soldados
He dejado mis tesoros
que a éste reino le he robado.

Y no siento triste humillación,
siempre tuve una misión
la de volverte a ver...

He dejado atrás esos castillos,
busco tu aroma en los vientos
y la nobleza que han legado
esos lábiles sentimientos

Y no voy a retroceder,
dejé todo de mi ser
para volverte a ver...

15/9/09

De un vistazo...



En punto.
Las siete y veintinueve. Setenta espíritus rodean la plaza.
La capilla enceguecida amenaza con el campaneo.
Cuatro palomas volando, otra se incrusta entre las palmeras.
Los amantes se miran a los ojos en el centro de sus vidas.
Sus primaveras se escapan de los balcones hasta alcanzar la
alcantarilla para descender al quinto infierno.
Mientras otra se incrusta entre las palmeras, cuatro siguen volando.
La capilla enceguecida amenaza con el campaneo.
Setenta espíritus rodean la plaza. Las siete y veintinueve.
En punto.