10/2/14

Fragmento de la "Muerte en Venecia" de Thomas Mann

Para que una obra espiritual relevante pueda tener sin demora una incidencia amplia y profunda, ha de existir una secreta afinidad, cierta armonía incluso, entre el destino personal de su autor y el destino universal de su generación. Los hombres no saben por qué consagran una obra de arte. Pese a no ser, ni mucho menos, conocedores, creen descubrir en ella cientos de cualidades para justificar tanta aceptación; pero la verdadera razón de sus favores es un imponderable: es simpatía. (...) Gustav Aschencbach era el poeta de todos los que trabajan al borde de la extenuación, curvados bajo una excesiva carga, exhaustos, pero aún erguidos; de todos esos moralistas del esfuerzo que, endebles de constitución y escasos medios, logran, al menos por un tiempo, producir cierta impresión de grandeza a fuerza de administrarse sabiamente y someter su voluntad a una especie de éxtasis. (...) Lo que la formulación artística tiene de vivo, tangible y no comprometido espiritualmente constituye el deleite de las masas burguesas, pero el apasionado incondicionalismo de la juventud sólo es cautivado por lo problemático e incondiconal como cualquier otro adolescente. (...) Pero se diría que nada embota tan rápida y radicalmente las capacidades de un espíritu noble como la amarga y sutil fascinación del conocimiento; y es un hecho que por meláncolica y concienzuda que sea, la escrupulosidad del adolescente queda minimizada si se la compara con la sólida resolución del hombre que, dueño al fin de sí mismo, decide negar el saber y lo rechaza, prescindiendo altivamente de él en la medida que amenace con paralizar, entorpecer y deshonrar la voluntad, la acción, el sentimiento e incluso la pasión (...) El arte es vida potenciada. Procura un goce más intenso , pero consume más deprisa. Imprime en el rostro de sus servidores las huellas de aventuras espirituales e imaginarias y, a la larga, engendra en el artista, por más que éste viva exteriormente inmerso en una paz conventual, cierta hipersensibilidad refinada, un cansancio y una curiosidad nerviosa que una vida colmada de gozos y pasiones turbulentas apenas conseguiría despertar.

Thomas Mann - "La muerte en Venecia": fragmentos,Cap.II -  Ed. Edhasa. Buenos Aires, 2003

3/2/14

"L´amour c´est une personne qui souffre et une autre qui´s enmerde"

...
Alejandra hizo unos cálculos y dijo:
- El viernes. Creo que el viernes habré terminado con lo más importante.
Volvió a pensar.
- Pero a último momento hay que rehacer algo o falta algo, que sé yo...No te querría hacer esperar...¿No te parece mejor que lo dejemos para el lunes?
¡El lunes! Faltaba casi una semana, pero ¿qué podía hacer sino aceptar con resignación?
Trató de hundirse en el trabajo durante aquella semana interminable, leyendo, caminando, yendo al cine. Lo buscaba a Bruno y, aunque ansiaba hablarle de ella, era incapaz hasta de pronunciar su nombre; y como Bruno presentía lo que pasaba por su espíritu, también rehuía el tema y hablaba de otras cosas o de temas generales. Momento en que Martín se animaba a decir algo que también parecía tener un sentido general, perteneciente a ese mundo abstracto y descarnado de las ideas puras, pero en realidad era la expresión apenas despersonalizada de sus angustias y esperanzas. Y así, cuando Bruno le hablaba del absoluto, Martín se preguntaba, por ejemplo, si el amor verdadero no era precisamente uno de esos absolutos; pregunta en la cuál la palabra "amor", sin embargo, tenía tanto que ver con la empleada por Kant o Hegel como la palabra "catástrofe" con descarrilamiento o un terremoto, con sus mutilados y muertos, con sus aullidos y su sangre. Bruno respondía que, a su juicio, la calidad del amor que hay entre dos seres que se quieren cambia de un instante a otro, haciéndose de pronto sublime, 
bajando luego hasta la trivialidad, convirtiéndose más tarde en algo afectuoso y cómodo, para repentinamente convertirse en un odio trágico o destructivo.
- Porque hay veces en que los amantes no se quieren, o en que uno de ellos no quiere al otro, o lo odia, o lo menosprecia.
Mientras ella pensaba en aquella frase que una vez le había dicho Jeannette: "L´amour c´est une personne qui souffre et une autre qui´s enmerde". Y recordaba, observador de desdichados como era, aquella pareja un día en la penumbra de un café, en un rincón solitario, el hombre demacrado, sin afeitar, sufriente, leyendo, releyendo por centésima vez una carta -seguramente de ella-, recriminando, poniendo el absurdo papel de testimonio de vaya a saber qué compromisos o promesas; mientras ella, en los momentos en que él se concentraba encarnizadamente en alguna frase de la carta, miraba el reloj y bostezaba.




Ernesto Sábato - Fragmento de "Sobre Héroes y Tumbas" (1961) Ed. Seix Barral. Obra completa. Narrativa. Buenos Aires, 1997

31/1/14

Video: "El día que Hendrix mató a Dios" (Hendrix en UK 1966)



La magia de dos grandes el "zurdo" Jimi Hendrix sorprendiendo al "dios" Eric Clapton e improvisando con Cream...algo que quedará en la historia del rock y del blues...

30/1/14

Fernando Pessoa: "Empiezo a conocerme. No existo"


Empiezo a conocerme. No existo.
Soy el intervalo entre lo que deseo ser 
y los demás me hicieron,
o la mitad de ese intervalo, porque además hay vida...
Soy esto, en fin...
Apaga la luz, cierra la puerta 
y deja de hacer ruido de zapatillas en el pasillo.
Quede solo yo en el cuarto 
con el gran sosiego de mí mismo.
Es un universo barato.

"Dolor Común" - Miguel de Unamuno

Cállate, corazón, son tus pesares 
de los que no deben decirse, 
deja se pudran en tu seno; 
si te aqueja un dolor de ti solo 
no acíbares a los demás la paz de sus hogares 
con importuno grito. 
Esa tu queja, siendo egoísta como es, refleja 
tu vanidad no más. 

Nunca separes tu dolor del común dolor humano, 
busca el íntimo aquel en que radica 
la hermandad que te liga con tu hermano, 
el que agranda la mente y no la achica; 
solitario y carnal es siempre vano; 
sólo el dolor común nos santifica.